ESCRIBAMOS EN LOS MÁRGENES.

Artículo que se publicará en social.cat junto a mi compañero y amigo Alex Muñoz.

LA ANIMACIÓN SOCIOCULTURAL COMO VACUNA.

Te diriges al mercado de tu barrio. Cuando vas bajando en las escaleras (porque usar el ascensor es arriesgado) ya te vas poniendo en tensión. Llegas y te pones a la cola, a dos metros, eso sí, de cualquier persona. Intentas ser disciplinado y montar una esfera mental alrededor tuya de dos metros donde nadie esté. Misión imposible. Más tensión. Un trabajador reflectante del mercado te dice que te coloques más a la izquierda que por ahí pasa gente… lo haces agradeciéndole la faena. Vaya, pues no estaba tan bien colocado. Tensión añadida. Viene otro trabajador, te dice que no estés tan cerca de un niño que se había puesto a tu lado y no te habías dado cuenta, absorto en tu burbuja mental. Empiezas a ser consciente de que no estás haciendo bien las cosas. De repente una chica gira y se agolpa delante de ti, los dos nos asustamos. ¡Dios!, estamos muy cerca. Los dos damos un salto atrás, pero entonces las personas que estaban detrás se asustan y así, a modo de efecto dominó, observas las consecuencias de tus actos. Miras el móvil, intentando pasar desaparecido, ves en un vídeo como un vecino insulta gravemente a su vecina que se le ha ocurrido salir a correr, cuando nunca había salido antes. Este vecino inquisidor juzga instantáneamente a esa corredora nobel, la echa a los leones vociferando desde su ventana. La pobre, temblando, se tambalea calle abajo. Ves otro vídeo, un policía en Nueva York le da una paliza a un negro por estar muy cerca de una chica. Otra chica ataviada con la bandera yanqui dice que si alguien debe morir por el virus, que así sea, cada uno tiene la fuerza que tiene, pero la economía no debería parar. ¡Dios! era mejor no haber mirado el móvil, vuelves al mercado y a la cola cuando un relámpago te recorre la médula espinal al darte cuenta que no llevas la mascarilla. Que con tanto videoconferencia y tanto lío con los niños se te ha olvidado en casa. El nivel de irresponsabilidad sube hasta el de autorreproche torturante. Por lo menos, puedo sonreír a la gente que allí está, lo que no sé es si ellos me responden a mi sonrisa embozados en su FFP2.

Algunos nos sentimos como niños malos, que antes de hacer algo mal, se nos castiga preventivamente, generando con ello unas ganas locas de realizar esa cosa que no nos dejaron hacer. En ese ambiente tóxico, el chivarse del otro niño siempre es una buena opción.

Nos dicen que estamos en una guerra para poder socializar y transversalizar el miedo constante al enemigo invisible. La rebeldía se castiga, la mono direccionalidad y el pensamiento único socorre a las mentes angustiadas. Parece que quieran generar una situación tan alarmante donde supongamos que nuestros derechos son un lujo al que no poder acceder en tiempos de guerra y con ello vamos perdiendo rasgos ciudadanos golpe a golpe y comparecencia tras comparecencia.

Estamos sumidos en una sociedad binaria, de blancos y negros, donde pasamos del  negacionismo asesino de Trump o Bolsonaro a la neurosis de los que juzgan a los otros por ponernos a otros en peligro. Necesitamos observar y analizar los matices, los escenarios no iluminados por los mass media que pueden mostrar reflexiones e incluso preguntas que nos ayude a comprender nuestra realidad. Uno de estos espacios es la animación sociocultural, entendiéndola como una posible vacuna.

Pero la animación sociocultural nos ha enseñado a ser críticos y saber realizar preguntas pertinentes. Nos enseña a escribir en los márgenes de los discursos mainstream de las redes que ahorcan la información:

  • ¿Se ha hablado de por qué se materializa una pandemia así, más allá del lugar y sus implicaciones políticas?
  • ¿Es tan imprescindible y sano el aislamiento social obligatorio? 
  • ¿Quién va a soportar peor estos escenarios, en pisos precarizados, hacinados, sin un ingreso estable? 
  • ¿Estamos viviendo un proceso de infantilización de la ciudadanía, irresponsable de partida?
  • Si hemos sido capaces de parar el mundo por esta alarma sanitaria, ¿por qué no hacer lo mismo con otras alarmas mundiales como la medioambiental, o la del sobrecrecimiento, la del hambre, la de la violencia contra la mujer…?

Esta situación nos plantea el diálogo entre si prevalece la individualidad o la cooperación, si puede salir lo mejor o lo peor de nosotros. El hecho de no tener control de vivir en entornos VUCA (volátil incierto complejo y ambiguo) nos lleva a cogernos a cualquier respuesta que nos den todo y que nos prive de libertades y derechos. Nos falta pararnos, hablar, emocionarnos, la emoción nos une al otro, nos convierte en seres que viven en un mismo momento y lugar que comparten ideas y maneras de hacer. Harari planteaba hace poco la siguiente pregunta: ¿Viajaremos por la senda de la desunión o tomaremos el camino de la solidaridad mundial? Pienso que la animación ha tenido la misión de esta solidaridad universal, acercando la cultura y haciendo de todas la personas creadoras de cultura,  convirtiéndolas en ciudadanas del mundo trabajando desde la comunidad y desde ella, generando vínculo y emoción, es como nos convertimos en universales. Freire decía “Cuanto más enraizado estoy en mi localidad, tantas más posibilidades tengo de explayarme, de sentirme ciudadano del mundo”. 

 Así pues, en esta situación que necesitamos hacer comunidad que reflexione y que se emocione para poder dar respuestas universales y solidarias, quizás es importante contar con agentes locales (animadores y animadoras) que nos ayuden a encontrarnos, a participar y sobre todo a  emocionarnos. Lo que yo he descubierto de la animación es que  te conecta con el otro pero ese otro desconocido, al que nunca habías visto antes. Cuando hablamos de solidaridad universal es por el hecho de ser capaz de conectar con lo desconocido, con lo que da miedo que te llevara a esa comunidad. Puesto que el miedo también te puede llevar al individualismo. El control no nos deja liberarnos y poder mirar al otro como alguien que tiene los mismos derechos que nosotros y es diferente. Cuando descubres al otro te descubres a ti también y eres capaz de comprender y actuar de una manera más universal.

Se avecina un  momento de lucha,  donde se abren oportunidades, espacios, donde se puede confrontan sistemas, donde la educación está claramente señalada. Toca repensar la educación para no caer en una excesiva directividad, en un alarmante protagonismo de los educadores, para que no generemos reproducción de contenidos sino producción de nuevos marcos de aprendizaje. Para que se permitan realizar preguntas molestas. En este sentido necesitamos más animación sociocultural que nunca.

Más animación sociocultural para seguir vinculados con la cultura, con la expresión humana, con el acceso y producción de las artes, y sobre todo, para seguir vinculándonos con la emoción de encontrarse con otro ser humano, para ser reconocidos como personas, justamente. Más animación sociocultural para garantizar un tránsito y un desarrollo comunitario, para acompañar y dar opciones a los más jóvenes, hoy por hoy un colectivo claramente en riesgo. Necesitamos más tiempo libre educativo, más juego… 

…Necesitamos en definitiva animar nuestra alma agobiada.

 

5 años después

Tras 5 años en el dique seco, el buque se replantea nuevos testimonios. Se le ha dado una capa de pintura, unos toques estéticos, una nueva dinámica, pero con el fondo de arena de mar y con la perspectiva de siempre.

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Somos barcos encontrándonos a la deriva.

En estos 5 años han pasado muchas cosas en mi vida. Ha pasado Barcelona por mis venas y aquí estoy. Ha pasado Yaiza, Yaiza y más Yaiza y nos hemos casado. He tenido dos hijos, Pol y Jan, me han hecho sentir vulnerable por primera vez en mi vida, desnudo en un temporal, pero dichoso y por primera vez, enteramente vivo y con un sentido. Ha pasado que me he doctorado. Ha pasado que ya me comprendo mejor y por eso puedo con mejor capacidad explicar lo que entiendo del mundo. Con el arte comunitario como metodología y con la transformación social como meta. Este blog, anteriormente llamado blog de Héctor Alonso s retitula para llamarse Arte Comunitario y Transformación social y quiere ser un cuaderno de bitácora que dé testimonio de los viajes que presencio sobre este tema en mi vida actual.

Así que, tras reordenar las secciones de este blog y actualizarlo intentaré ir volcando aquí, proyectos, reflexiones, artículos, videos, presencias en la prensa que nos puedan ayudar a entender el binomio del Arte Comunitario y la Transformación social.

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